¡Imposible que tenga fibromialgia! ¿QUÉ SABRÁS TU?

“Mira que guapa y joven, mira que bien se ve, mira cómo sube la montaña, mira cómo hace deporte”… ¡Imposible que tenga fibromialgia!

¿QUÉ SABRÁS TÚ?
¿Qué sabrás tu de mi día a día, que sabrás tu de mi lucha mental diaria, qué sabrás tu de mis pensamientos y de lo que me anima a sonreír a diario?

Un día, después de meses y años paseando doctores especialistas y tantas pruebas clínicas, te dicen que tienes FIBROMIALGIA – ¿¡Qué!? Qué rayos es eso?

Pero el reumatólogo solo tiene 10 minutos para “escucharte”, “explicarte” y RECETARTE LA MEDICINA. Así que lo más sencillo para que no te queden dudas es que es una enfermedad de la cual aún no tienen explicación, no saben qué originan esos dolores en tus músculos, en tus tendones, en tu cabeza, en tus manos, en la cintura, el insomnio, la desesperación por no saber si te sientas o te acuestas… Pero qué más da!? guarda reposo, toma estos antidepresivos (que no son para la depresión, porque no la tienes, son una dosis mínima que te ayudará a relajar y dormir mejor).

Con esa respuesta sales de la consulta, con más dudas sobre tu existencia que otra cosa, te sientas a la salida del hospital y las lágrimas caen por sí solas.
¿A quién llamas? ¿Qué haces ahora? ¿Cuál es el siguiente paso?
Coges el teléfono y piensas en esa persona que sabes siempre estará al otro lado de la línea, lloras sin poder hablar porque la respiración no te da y repites sin parar:
-No tengo cura, no saben lo que tengo, el dolor vivirá conmigo por siempre, así que ¿qué sentido tiene todo lo que tengo proyectado en mi vida?

Esa persona hace lo que más está a su alcance, decirte que todo mejorará, que no nos daremos por vencidos y seguiremos buscando hasta conseguir una respuesta.

Tratas de engañarte que será así, pero solo retumban en tus pensamientos las palabras de ese Doctor: “no tiene cura”.
Lees y lees en internet y no encuentras más que personas queriendo morir, deprimidas porque sus vidas se han ido degenerando al pasar de los años, tu con 25 años ves tu vida reflejada en esas personas, que llegarás a los 50 y no tendrá sentido nada, decides resignarte y simplemente aceptar que el dolor hace parte de ti.

Descuidas tu salud en general ya que cuando te cansas de luchar contra la Fibromialgia, piensas que todo lo que te sucede es debido a ella.

Es una patología que vives en soledad y en silencio, porque ¿a quién le comentas que te arden las manos de repente o que de un momento a otro la piel te quema como si estuvieras insolado sin explicación aparente?
Que pillas manías como frotar las manos, tocarte todo el tiempo a ver si hay dolor, darte pequeños golpes en esa zona que duele porque aparentemente alivia por momento; o rascar tu cabeza hasta sangrar porque los picores son imparables.

Pues a todo esto, que es lo que en general nos sucede a las personas que nos sentimos identificadas con los mismos síntomas, súmale el ser joven, el tener menos de 30 años y que te digan que por ser joven es que aún puedes hacer ciertas actividades, pero espera que llegues a los 50 y tu vida se irá a la mierda.

Pues sí, eso me pasó, mi nombre es Diana Guerrero y hoy con 33 años, considero que continúo en la lucha diaria de mejorar el dolor, casi 8 años diagnosticada de fibromialgia y continúo buscando respuestas, sigo analizando mi sangre y haciéndome pruebas que descarten otras enfermedades que me puedan dar explicación a mis dolores musculares y articulares.

Mi cabeza no para. No deja de pensar nunca. Tengo que levantarme incluso a escribir algo que se me ocurre antes de dormir porque sé que no lo recordaré al día siguiente.
Y ni hablar de cómo duermo. Debo armar una nube de almohadas donde apoyar cada extremidad de mi cuerpo para que no rocen directamente con el colchón, porque solo el roce duele. Mi cuello descansa solo durmiendo bocarriba, pero mis lumbares sufren en esa posición, así que cada día debo elegir qué sacrificar, si duermo de lado para que descanse mi espalda o bocarriba para que descanse mi cuello.
¡Pero cuidado! porque si duermo de lado, debo usar una almohada en medio de mis piernas o el fogaje de mi propio calor corporal, me quema y no me permite conciliar el sueño.

Entonces fue cuando conocí una versión nueva de mi; porque siempre fui una mujer sin temores, pero ahora temo ir a la cama porque no sé qué sentirá mi cuerpo hasta lograr dormir… O si por el contrario lucharé con mi cuerpo hasta que vea salir el sol por la ventana.

Aprendí de muchas enfermedades que ni había escuchado nunca, son tantos los síntomas que una palabra como Bruxismo se vuelve común al saber que así se le llama al apretar tan fuerte la mandíbula que desgastó mis dientes, que una muela se me partió comiendo galleta por lo débil que estaba, que necesitaba un aparato llamado férula que protege los dientes y aún así, llegué a partir uno de ellos.

Hoy en día, aprendí a aceptar este diagnóstico, no lo quiero y ojalá algún día pueda decir que se han equivocado y tengo otra cosa que sí pueda tratar, pero mientras convivo con ella estoy aprendiendo de ella, aprendo de mi, pero sobre todo me siento agradecida porque cada día aprendo más a conocer mi cuerpo, mi mente, mis reacciones, mis cambios físicos y mentales, cada respiración ahora significa algo, cada esfuerzo ahora tiene un sentido concreto.

Mis cuidados físicos cambiaron de ser por ego, por estética y para que me vieran bella, a ser para mi bienestar propio. Para sentirme bien conmigo misma y para que mi sonrisa ante el espejo sea más sincera que nunca. ¿Ha funcionado? ¡si! tengo una calidad de vida muchísimo mejor que hace 5 años. Pero debo continuar, esto apenas comienza y sé que ahora puedo irme a la cama con menos temor que antes y sé que un día ese temor también terminará por completo.

Ahora solo deseo seguir en positivo, seguir caminando aferrada a todas las mejoras que he conseguido con mis cambios de hábitos alimenticios y físicos. El deporte se ha vuelto fundamental y conocer qué le conviene a mi cuerpo es ya una obligación.

Mientras tanto, quiero pedir no juzgar por edad, por cara, por sonrisa o por cuerpo. Solo cada uno sabemos lo que sentimos y si me atrevo a decirte que sí se puede, es porque lo he comprobado y que así como yo a mis 33 años he renacido, conozco a muchos con menos y muchos más años que yo, que también lo han conseguido.

Seguiré aportando mis granito de difusión, en este medio y por mis vídeos que es lo que más amo porque si continuara en esta redacción, se haría eterna.
Seguiré… Ahora mi temor es no tener freno para hablar por la fibromialgia, pero por FIBROMIALGIA EN POSITIVO – Porque nos atrevemos a vivir con Fibro!

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