El problemático reconocimiento de la incapacidad permanente de los trabajadores afectos de fibromialgia

La fibromialgia puede tener una importante repercusión en la vida profesional de cualquier trabajador por cuenta propia o ajena

I. Caracterización general de la fibromialgia

Como es sabido, la fibromialgia es una enfermedad de diagnóstico y tratamiento complejo cuyos principales rasgos caracterizadores son, entre otros, los siguientes.

En primer lugar, se trata de una dolencia social y médicamente reconocida en la actualidad por más que durante mucho tiempo su propia existencia real haya sido cuestionada desde la ciencia médica. En 1992 fue clasificada con el código M79.7 de la clasificación internacional de las enfermedades (CIE-10) de la OMS que la tipificó como una enfermedad de reumatismo no articular. Dicha organización internacional la definió como un estado doloroso generalizado no articular, que afecta predominantemente a las zonas musculares y raquis, y que presenta una exagerada sensibilidad en puntos predeterminados. Por su parte, el diccionario de la Real Academia de la Lengua Español la define como «una enfermedad caracterizada por dolor muscular difuso e intenso, rebelde al tratamiento y de causa desconocida».

En segundo lugar, se trata de una enfermedad sintomática. Su principal síntoma es el dolor músculo esquelético difuso y crónico sin que dicho dolor pueda atribuirse a una patología orgánica concreta. En otras palabras, su propia esencia es el padecimiento físico sufrido por el enfermo que no puede atribuirse a patología alguna. De aquí que, en 1990, la Academia de Reumatología Americana estableciera que, para ser identificada, es preciso un historial de dolor generalizado durante más de tres meses y detección de hasta once «puntos gatillo», «puntos fibromiálgicos» o «tender points», de hasta dieciocho posibles, distribuidos a lo largo de la columna lumbar y cervical, cuello, hombros, rodillas, muslos y brazos. Junto a la sintomatología del dolor osteomuscular generalizado, suele presentar algunos de los siguientes síntomas: alteraciones del sueño, fatiga crónica, rigidez matutina, disfunciones cognitivas (dificultad para concentrarse y/o retener información), colon y/o vejiga irritable, cefaleas, malestar abdominal, parestesias, disfunción témporo-mandibular, mareos y bruxismo. Por lo demás, se trata de una dolencia que, con frecuencia, va asociada a trastornos psíquicos reactivos como la ansiedad, depresión y distimia. Para una exhaustiva caracterización de esta dolencia, en sede judicial, cfr. las sentencias TSJ Cantabria 3-7-19, rec 444/19 (Fund. Jco. 2º) -EDJ 2019/708414- y 17-4-07, rec 268/07 (Fund. Jco. 2º) -EDJ 2007/97780-.

En tercer lugar, se trata de una dolencia cuyas causas no se conocen suficientemente ni tampoco los mecanismos que la desencadenan. Es por ello por lo que su diagnóstico no sea sencillo ya que es, fundamentalmente, clínico, esto es, se ancla normalmente en las manifestaciones clínicas del enfermo (TSJ Cantabria 17-4-07, Rec 268/07 -EDJ 2007/97780-). La exploración física es menos relevante pues no pueden identificarse alteraciones estructurales de la movilidad articular de la fuerza muscular, ni signos de artritis a menos que coexistan con otra patología osteoarticular. No existen pruebas de laboratorio ni hallazgos radiológicos específicos que evidencien la presencia de esta enfermedad. El número de puntos de dolor habitualmente contribuye médicamente a su diagnóstico pero dicho extremo no deja de ser un elemento subjetivo, apreciado a partir de las propias manifestaciones del afectado.

Por último, se trata de una enfermedad poblacionalmente importante. Las estadísticas muestran que actualmente la sufren entre un 2 y un 5% de la población adulta, lo que arroja cifras de entre uno y dos millones de afectados. Por otra parte, se trata de una enfermedad de género pues, al igual que otras dolencias como el síndrome de fatiga crónica o el síndrome de sensibilidad química, el 90% de los afectados por fibromialgia son mujeres mayores de 40 años. Ello convierte socialmente a esta enfermedad en blanco de apreciaciones sexistas como la incapacidad de respuesta de las mujeres al esfuerzo laboral, al estrés o a las dificultades del día a día. En el plano laboral ese dato es importante porque las actuaciones empresariales arbitrarias sobre este colectivo podrían, por hipótesis, llegar a constituir discriminaciones indirectas en el trabajo por razones de género, concepto que tiene acogida expresa en nuestra legislación (art.6.2 LO 3/2007, de 22 marzo -EDL 2007/12678-) y que ha sido perfilado por la jurisprudencia constitucional (TCo 91/2019, de 3 de julio -EDJ 2019/631677-), comunitaria (TJUE 8-5-19, C-161/18, asunto Violeta Villar Láiz -EDJ 2019/16933-) y ordinaria (TS 14-5-14, Rec 2328/13 -EDJ 2014/76955-).

II. Fibromialgia e incapacidad permanente para el trabajo

Dado que la fibromialgia es una enfermedad que afecta fundamentalmente a las personas cuando están en edad productiva, su padecimiento puede tener una importante repercusión en la vida profesional de cualquier trabajador por cuenta propia o ajena. No cabe duda de que el padecimiento de esta enfermedad, sobre todo si se manifiesta con cierta intensidad puede dificultar seriamente la continuidad del vínculo laboral por incidir negativamente en la capacidad laboral del trabajador. De hecho, hay estudios que indican que entre el 25 y el 50% de trabajadores enfermos de fibromialgia se ven abocados a dejar de trabajar. Como es lógico, ello habitualmente comporta periodos de baja médica por incapacidad temporal y, en los casos, más graves puede, asimismo, determinar la declaración del trabajador en un grado de incapacidad permanente como así está aconteciendo en muchos casos.

Con todo, la multitud de pronunciamientos judiciales dictados en este ámbito pone de manifiesto que buena parte de las declaraciones de incapacidad permanente por fibromialgia y dolencias concomitantes vienen reconocidas por vía judicial y no por vía administrativa. En otras palabras, el INSS se muestra muy cicatero a la hora de reconocer prestaciones de incapacidad permanente en estos supuestos y el trabajador se ve obligado a solicitarlas por vía judicial. Existe, por tanto, una excesiva judicialización en este ámbito de la que resulta un cuerpo de doctrina judicial suficiente como para deducir los criterios que vienen ponderando las salas de lo social de los Tribunales Superiores de Justicia para reconocer o, en su caso, denegar prestaciones de incapacidad permanente en estos supuestos.

Como es sabido, el art.193.1 LGSS -EDL 2015/188234- exige, para la calificación de la incapacidad permanente, que el trabajador, «después de haber sido sometido al tratamiento médico prescrito, presente reducciones anatómicas o funcionales graves, susceptibles de determinación objetiva y previsiblemente definitivas, que disminuyan o anulen su capacidad laboral».

One thought on “El problemático reconocimiento de la incapacidad permanente de los trabajadores afectos de fibromialgia

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